Voy a continuar recuperando
textos que se publicaron en el Boletín Literario de Fresnedillas de la Oliva hace algunos años,
aunque, como estamos viendo la actualidad, sobre todo en la corrupción y
similares, es casi eterna.
CENA DE AMIGOS
-
¡Que estúpido! – A Carmen le pareció que era lo menos que se merecía ese estirado
vigilante que les había hecho esperar a la puerta de la lujosa urbanización,
pese al frío de la noche y sin abrir la puerta de seguridad, mientras confirmaba
los datos del chalé al que se dirigían – Coméntaselo a Carlos – susurró al oído
de Andrés, su esposo, mientras levantaba el cuello de su imponente abrigo de
pieles, con un gesto elegante y continuó - ¡Bien está lo de la seguridad!, pero
no vendría nada mal que les obligaran a hacer un cursillo para reconocer a
las personas de bien.
Mientras
cruzaban los cuidados jardines de la urbanización, con piscina y canchas de
tenis, por los caminos de pizarra iluminados por graciosas farolas decidieron,
sin apenas otros comentarios, que ese pequeño incidente de la entrada no les
estropearía la cena con Carlos, amigo durante años y socio en muchos negocios y
su encantadora esposa Julia.
Les
abrió la puerta el mismo Carlos con su pícara sonrisa - ¡Cuánto bueno por
aquí!, ¿Qué tal habéis venido?... - La carretera estaba bastante bien –
Contestó Andrés – Apenas hemos tardado quince minutos - Sí, la carretera... ¡y
que no hemos bajado de los ciento ochenta! – Terció su esposa - Ya sabes que el
“Jaguar” no sabe ir a menos – sentenció Andrés.
Rieron
mientras la criada, una joven bastante agraciada y con rasgos exóticos que
vestía un impecable uniforme, recogía con cuidado sus abrigos.
-
¡Cuélgalos en el vestidor, Corina!... – Se oyó decir a Julia que, elegantemente
vestida, salía a recibirlos cariñosamente desde el interior de la vivienda. -
¡Vamos, pasad!... acabo de terminar de organizar la cena, ya sabéis que hay que
estar encima de todos. Carmen, ¡que guapa estas!... Has debido perder mas de
dos kilos desde que nos vimos hace un par de semanas; ven anda, que tengo que
contarte un montón de cosas.
Las
dos mujeres subieron hacia las habitaciones del primer piso dejando solos a sus
maridos. Andrés las siguió con la mirada hasta que desaparecieron tras la
puerta del dormitorio, luego se volvió hacia Carlos con un guiño cómplice y
bajando la voz le preguntó -¿Qué tal con la chacha?
-
¿Con quién? – Contestó Carlos.
-
¡Con Corina hombre!, no te hagas de nuevas que ya sé que la has puesto sitio.
Carlos,
mirando hacia la escalera devolvió el guiño a Andrés, con una sonrisa de
suficiencia – No creas que ha sido fácil, me plantó cara hasta que la “sugerí”
que podía verse en la calle, sin papeles... y con malos informes.
Rieron
los dos, ya francamente, mientras se dirigían al lujoso salón.
-
Ven, tomaremos un aperitivo...
En el
vestidor, las dos mujeres tienen extendidos sobre la cama varios de los últimos
modelos exclusivos de Dior que Julia ha adquirido en su último viaje a París,
Carmen ríe, entre escandalizada y divertida. – Pero Julia... ¿De verdad?...
¿Con el guardaespaldas?... No me lo puedo creer, que aplomo tienes... y con tu
marido en el hotel... ¡Que aplomo tienes, hija!...
- Ya
tenía yo ganas de darme un homenaje con un hombretón – Contesta Julia – Y no es
solo eso, para estos vestidos le he dado un mordisco de más de cien mil euros a
la tarjeta.
- Vas
a tener lío – Dijo Carmen, a lo que Julia contestó con seguridad...
- No
me dirá ni pío, por la cuenta que le trae, yo también puedo hacer preguntas y
el prefiere pagar a dar explicaciones. ¡Venga, vamos a cenar!, con esto del
régimen siempre estoy con hambre.
La
espléndida cena, con suculentas viandas, cocinadas con exquisito gusto, vinos
de reserva adecuados a cada plato y servidos a su temperatura exacta y la
conversación distendida hicieron que los
cuatro se sintieran alegres y cómodos. Estaban dando buena cuenta de los
postres cuando Carlos, cambiando ligeramente el tono de voz comentó – Si te
parece, Andrés, cuando terminemos dejamos a estas cotilleando y nosotros
charlamos un rato en el despacho. Quiero comentarte un par de cosas y así nos
quedamos libres para, luego, tomar una copa sin prisa.
-
Pues vamos ya, si quieres – Respondió el aludido – He terminado. Ahora volvemos
chicas, no habléis muy mal de nosotros...
Ya en
el despacho, acomodados ambos en dos impresionantes butacas, Carlos fue al
grano – Quería hablarte de dos asuntos, sobre todo de los invernaderos
-
¿Pasa algo? – Inquirió Andrés.
Con
un gesto tranquilizador Carlos continuó – Nada importante, ya está resuelto
todo, pero he tenido que hacer algunos cambios en la explotación de Murcia y
quería que lo supieras.
Andrés
puso la mano, cariñosamente, y le animó – Sabes que tienes mano libre para
llevar ese asunto como te parezca, pero si te tranquiliza dime lo que quieras.
- La
pasada semana – Continuó Carlos – Recibí un aviso de nuestro hombre en la Inspección de Trabajo
en el que me indicaba el riesgo que corríamos si seguíamos teniendo tanta gente
sin papeles en los invernaderos. Por otro lado Juan, el encargado de lo de
Almería, me llamó para avisarme que con lo de El Egido, la nueva ley y lo que
se estaba cociendo entre los magrebíes, habría movida en poco tiempo. Así que
le dije que despidiera a todos, sin contratar a ninguno más, tal como está la
cosecha podemos perder un par de semanas y que hiciera correr la voz, en la
calle y en los sitios “oficiales”, de que si esto seguía así cerraríamos.
- En
eso has hecho bien Carlitos, conviene que en la Inspección se ablanden
un poco pensando que se les acaba la mordida – Apostilló Andrés.
-
Después de eso – Continuó Carlos – Llamé a nuestro proveedor del otro lado de
estrecho y le encargué que me enviara de ochenta a cien “morenos” de entre
quince y veinte años, convenientemente “ablandaditos”, pero sin marcas
físicas...
- ¿No son demasiados hombres? – Preguntó
Andrés.
-
Siempre te adelantas – Cortó Carlos – No le pedí solo hombres, sino un grupo
mixto porque, previamente, he llegado a un acuerdo con Martín, el de los
puticlubs, para que se quede con las tías por diez mil euros la unidad, así los
hombres nos salen prácticamente gratis, e incluso nos queda algo...
Andrés,
que sonreía mientras hacía gestos de asentimiento inquirió - ¿Martín nos va a
pagar como siempre?
No –
Contesto Carlos – La mitad nos la dará
al contado y el resto en participaciones de la cadena de clubs. Se lo he
aceptado porque en los próximos dos años va a poner en marcha unos veinte y va
a ser un bombazo... Con decirte que esta dispuesto a comprar un envío de
mercancía igual al que se va a quedar... ¡Cada semana! Y como siempre, tu y yo
al cincuenta.
-
Solo una sugerencia, Carlitos - Andrés
se había puesto repentinamente serio – Pon en medio a algún “pringao”, no
quisiera acabar dando explicaciones en el Juzgado... Y otra cosa creo que
debemos estar preparados para cuando la gente del pueblo esté tan apretada que
decida trabajar con los precios que nos interesan y librarnos entonces de la
“morralla”... ¡Es verdad que huelen mal!. Anda vamos a volver con esas que me
están sonando los oídos.
Se
reunieron con las damas continuando con una charla amable y amena acompañada de
los mejores licores, tabaco y alguna exquisita golosina. Cerca ya de las
cuatro, Carmen observó – Creo que debíamos irnos, o mañana voy a llegar al
gimnasio con unas ojeras horribles.
Asintió
Andrés - Sí vamos, que estos chicos querrán acostarse...
La despedida fue tan cariñosa como la
recepción, Julia llamó a Corina que, con gesto algo cansado bajó los abrigos.
Besos, gestos cariñosos y en los últimos momentos nuevas citas.
- El
próximo día en nuestra casa, ya va siendo hora de que bajéis a la ciudad...
La
vuelta al coche a través del maravilloso jardín fue muy agradable, el frío
y el corto paseo despejaron un poco la pesadez causada por la bebida. Al pasar por la
cancela de entrada Carmen, arropada por el armiño y apoyada indolentemente
sobre el brazo de su marido, miro descaradamente al vigilante que, algo
confuso, bajó la cabeza y recordando el
incidente de la llegada exclamó, con voz lo suficientemente alta como para ser
oída desde el interior de la caseta -
¡Ni que fuéramos delincuentes...!
Fresnedillas,
Agosto 2002
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Ilustración infográfica para "La cena" - Pablo García |
Me pregunto… ¿Que es lo que hace
que personajes como los de esta narración – De los que hay muchos y con
historias infinitamente peores – Salgan a la calle tan satisfechos y contentos
de si mismos?...